Prólogo

Prólogo

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El compositor Fernando Lázaro, en sus obras, nos traslada a mundos de irresistible belleza, a ensoñados paisajes, a expresiones coloristas donde se mezclan -como debe ser en toda obra artística- la razón y la belleza, la verdad y la fantasía. Grandes profesores y maestros han coincidido en que posee una intuición y una "gracia" muy especiales, nada comunes, y con algo tan importante como un sello personal que le identifica. De hecho, el maestro Antón Garcia Abril le acogió en sus clases al escuchar algunas de sus obras.

Sería ocioso insistir en el caudal de emociones y sentimientos que expresan cada una de estas composiciones. Pero sí es bueno recordar que, en cada momento de nuestra historia, el buen artista ha sabido ser precursor y vanguardia de mundos por venir, o, en las propias palabras de Fernando, “abrir el abanico a nuevas posibilidades y arriesgar en la medida que se pueda, llevar a cabo proyectos artísticamente arriesgados”. Éste es, entre otros muchos, el mérito de la obra de nuestro artista, Fernando Lázaro, que ha sabido desde siempre integrar el saber musical y convertirlo en el arte más humano, aquel que sabe hablar a la sensibilidad. De su corazón, primero, y después de sus manos han salido las hermosísimas realidades que ofrece a nuestro deleite.

Fernando se siente un compositor de su tiempo, aunque también ha buceado en otro tipo de composiciones, recreándose en estilos de otras épocas, cuyo conocimiento y riqueza también le ha ayudado a ir definiendo su lenguaje actual. Precisamente, conocer esos estilos ha hecho posible que en el ballet "La aldea en llamas" (Das brenennde dorf) haya podido componer escenas basadas en otras épocas o haciendo alusión a ellas, por exigencias del guión...

Su obra actual posee otro lenguaje, y es más madura, pero la esencia es la misma. Basta con escuchar la "Evocación nº1", compuesta en 1993, con solo 19 años de edad, para percibir que podría haberla compuesto hoy perfectamente, quizá con matices distintos, pero con la misma intuición, siendo probablemente una de las obras tempranas más creativas e interesantes de su catalogo.

El ánimo del caminante, tras haber recorrido paisajes llenos de música, vida y color, se sosiega cuando llega el silencio y se apropia para siempre de lo que el músico ha sabido transmitirle. “En un sosegado silencio” es, definitivamente, donde se puede meditar, rumiar, disfrutar y llenar el corazón de emoción y de agradecimiento a Fernando Lázaro, por acercarnos a la irrealidad más real, y a la realidad más irreal: ese lugar donde el arte se confunde con la paz interior y explosiona en colores y sonidos.

 

Luis Prensa Villegas
 Doctor en Historia, Catedrático de Musicología y de Música Medieval 

    

 

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